Lunes 19 de Diciembre, 2016

Pedro Ortega Arnaiz SM

 


28-XI-1935 - 9-XII-2016 Una vida para el Otro

Estos últimos días no han corrido como todos, algo hay en el aire del Instituto Linares, que es diferente, es ese sentimiento poco explicable, que te da la certeza de que algo cambio para siempre.

Don Pedro, vivió una compleja y dolorosa enfermedad, que lo terminó alejando de nosotros, por lo menos por algún tiempo.

Acabábamos de terminar el mes de María, recién dejábamos de cantar … Con Flores a Porfía… y nos enteramos al día siguiente que Don Pedro había cambiado de vida, dejó esta, en que le veíamos diariamente, caminar por Kurt Moller, sacar su gran manojo de llaves desgastadas, que nunca se les perderían por lo importante que eran, entrando por el patio de los más pequeños del colegio, lo que no es casualidad, y seguir con paso Marianista, rápido y firme, para llegar a la oficina de administración, donde se sacaba su jokey, se ponía uno de sus lentes, para escribir, en la llegada, con su caligráfica letra, una sencilla tarjeta de cumpleaños a los estudiantes que estuvieran en su día, metiéndolas en sobres amarillentos, que de seguro guardaba hace años, para después silenciosamente dejarlas en el escritorio del profesor. Cambió de vida, pero por una mejor.

Estos últimos días no han corrido como todos, desde nuestro egoísmo, quisiéramos que siguiera con nosotros, riéndose, alegrándose honestamente, como cuando Chile le ganó a España, en el último mundial, contando de que, como no iba a estar contento de que ganara Chile si llevaba tantos o más años en Chile, que muchos nacidos en esta patria. Si, somos un poco egoístas y permitámonos estarlo, porque un Hombre de Dios se extraña, se llora, se siente el vacío, es por eso  que de alguna u otra forma lo retenemos, lo vivificamos en el espíritu, poniéndolo en todas las anécdotas que hemos conversado en pasillos; como todas las recomendaciones sobre el Mes de María o sobre la Peregrinación, sus canto de Salmos, su preocupación por los asistentes de la educación, sus historias sobre en el Instituto Linares de antes, los pequeños gestos de reconocimiento, sobre su austeridad cristiana, su sentido de profundidad de la pastoral, su voz resonante en la Catedral de Linares, con ese acento español al que nunca renunció quizás como homenaje a sus raíces, su amor entrañable a Dios y a la Virgen del Pilar, como no decir, que desde el 9 de Diciembre del 2016, el Instituto Linares, no será el mismo.

El día después, nos queda, eso si, una gran alegría, la de haber conocido a un hombre que vivió desde la resurrección de Cristo, desde la alegría del amor de Dios, es por eso que hoy, nos queda una gran pregunta-desafío, ¿Qué aprendimos de Don Pedro?, de seguro en las respuestas personales, y sobre todo en nuestras opciones vitales, vivirá por siempre el legado de fe y vida de Don Pedro Ortega Arnaiz.